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hombre sobre tronco

La cruzada contra el efecto YUK o como quitar el asco a los insectos.

¿Por qué comemos gambas y no grillos?

¿Te has parado a pensar por qué si son tan abudantes los insectos comestibles no son parte habitual de nuestra dieta?  Y es que hay más de un millón de especies conocidas de insectos en el mundo y muchas más que están por descubrir, pero de estas sólo consumimos unas pocas, en el mejor de los casos.

Es así como desperdiciamos una fuente de alimento abundante y respetuosa con el medioambiente. Para hacer más gráfico esto tenemos el caso de los chapulines de milpa.

A priori podemos hablar de factores específicos que alejan estos bichillos de nuestro plato y básicamente tienen que ver con temas culturales y de aprendizaje.

¡Auxilio, hay un grillo en mi plato!

Si vemos que nuestros padres corren despavoridos ante una abeja, o nos protegen como si viniera un tsunami cuando se acerca un mosquito, nuestro comportamiento será muy parecido cuando nos enfrentemos a esta misma situación siendo adultos, y esto a su vez se transmitirá de generación en generación.

Un caso curioso es el de las cucarachas, insecto del que sólo en España hay 3.000 especies distintas, y que presenta un increíble nivel de resistencia que le confiere el gran honor de ser el único ser capaz de sobrevivir a una guerra nuclear. Pero lo curioso es que hasta el más musculoso macho ibérico suele correr lleno de pánico cuando uno de estos inofensivos insectos se acerca.

Pero si analizamos con detenimiento la situación y pensamos el porque de este miedo, seguramente no le conseguiremos más explicación que el efecto imitación hacia el pavor que mi querida tía Carmen Elisa profesaba hacia este artrópodo, en mi caso particular.

En China, existe un negocio millonario que utiliza inteligencia artificial para la cría masiva de cucarachas con fines medicinales… ¿a que da repelus?

Leche ¿de cucaracha?

A día de hoy existe en la India una investigación en la que se ha determinado que la leche producida por la Diploptera Punctate (una especie de cucarachilla) es tres veces (sí 3…) más rica en energía que la de búffala, que era hasta ahora la de mayor calidad en cuanto a nutrientes. Aunque para que esto llegase a nuestros lineales pasará un tiempo largo y muchas pruebas por medio, es demostrativo del potencial alimenticio que existe.

Pero el tema de integrar los insectos en nuestra dieta y huír del miedo irrefrenable no va de que nos digan lo maravillosos que son para la sostenibilidad y los muchos nutrientes que agregan a nuestra dieta.

De hecho hay estudios que demuestran que la entrada de nuevos alimentos en la vida diaria de nuestra sociedad (como puede ser el sempiterno ejemplo del sushi) no se debieron a que una campaña así lo recomendara. El éxito inicial se logró al conseguir una masa de usuarios fieles en los que enfocarse, no en convencer a las personas que se rehusan a comerlo.

Desde esta pequeña legión de seguidores fieles, se fue amplificando el consumo de los manjares japoneses hasta lo que hoy es una inmensa industria en todo occidente.

El quid de la cuestión es…

Visto lo anterior el tema está en que las personas que estamos dispuestas a comer habitualmente insectos tengamos la facilidad de conseguirlos, así como que el entorno sea favorable a su consumo: dónde y cuándo vas a comprarlos, que los que comen contigo también les guste y la variedad de alimentos que los acompañen.

Para que los alimentos a base de insectos realmente tengan aceptación es necesario que haya un enfoque que regularice su  consumo. Está claro que por mucho que sepamos acerca de la sostenibilidad y el aporte energético, esto no va a impulsar el consumo.

Pero una manera excelente de comenzar a probar estos adorables insectos comestibles es con alimentos que nos son familiares, y dentro de estos los más fáciles de probar y llevar son las barritas energéticas con harina de grillo.

 

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